MANUBENS - Cintas tejidas de alta calidad - El mundo de la cinta

EL MUNDO DE LA CINTA

¿QUÉ SON LAS CINTAS?

Las cintas son uno de los elementos de la familia de los tejidos estrechos, igual que los trenzados y las pasamanerías. Técnicamente, son tejidos de menos de 20 cm de ancho. Se distinguen de los trenzados porque los hilos se cruzan de igual forma que en los tejidos anchos más habituales: en el telar se disponen paralelamente un conjunto de hilos longitudinales (o urdimbre) que son cruzados perpendicularmente por otro hilo que los une (llamado trama) para formar la tela. El resto de tejidos estrechos se realizan con otras técnicas: en los trenzados los hilos se entrecruzan como si se tratara de una trenza compleja, mientras que en las pasamanerías se retuercen los hilos hasta conseguir la forma deseada.

FUNCIONES DE LAS CINTAS

Según el tipo de hilo con el que están confeccionadas y según la utilidad que se les da, se puede distinguir tres grandes tipos de cintas:

  • las cintas «toscas», tejidas en hilo de fibras poco vistosas –como algodón, cáñamo o lino grueso– que en Cataluña se llaman «vetes» y se usan principalmente en la confección, para reforzar y realizar las prendas de vestir.
  • las cintas «finas», elaboradas con hilos de fibras más lujosas como la seda –en la actualidad también se usa el rayón y el poliéster–, se usan principalmente para decorar prendas de vestir y muchos otros objetos.
  • las cintas de sujeción y cerramiento, que se usan en un sinfín de objetos cotidianos: cinturones de seguridad, asas de bolsas y mochilas, prendas deportivas… Hoy en día se elaboran con fibras sintéticas como el poliéster y el poliuretano.

LAS CINTAS EN LA HISTORIA DE LA MODA

La importancia de las cintas se puede apreciar en las obras de arte. Se sabe que en las antiguas civilizaciones mesopotámicas y griegas se llevaban ceñidas en la frente. Esta cinta representaba, entre otras cosas, el símbolo de victoria para los atletas vencedores en los Juegos Olímpicos.

Además de esta función simbólica, las cintas de seda –la fibra que más ha representado el lujo en la historia– han tenido un uso suntuario. Se han utilizado como un signo externo de riqueza aplicado a las vestiduras junto a blondas, brocados y pasamanerías. Del siglo XVI al XVIII decoraron indistintamente prendas masculinas y femeninas, pero a partir de la Revolución Francesa se feminizaron definitivamente. Durante los siglos XIX y XX se usaron como «joyas» de los pobres en toda Europa: como soporte de colgantes, gargantillas, medallas militares y adornan los peinados, el calzado, los sombreros y los vestidos de fiesta populares. En resumen, según los historiadores de la moda, las cintas de seda han sido un símbolo de elegancia a lo largo del tiempo.

Las cintas bastas y los cordones trenzados han sido desde la antigüedad una necesidad en la confección, usados para reforzar la estructura y para unir distintas partes de las prendas.

HISTORIA Y TÉCNICA DE LA CINTERÍA

La seda llegó a Europa en la Edad Media a través de al-Ándalus y, a partir de la Edad Moderna, se concentró en un conjunto de ciudades que tenían facilidades para la obtención de materia prima. En estos lugares se centró también la tejeduría de cintas.

Técnicamente se pueden distinguir tres etapas en la historia de los telares de cintas

Telar simple

Hasta finales del siglo XVI se usó un telar individual para tejer una sola cinta técnicamente idéntico al telar horizontal para tejido ancho, pero de dimensiones más reducidas.

Telar de cintas múltiples

A finales del siglo XVI el técnico alemán Anton Müller creó un telar para el tejido de entre 4 y 6 cintas al mismo tiempo. Este invento permitía multiplicar la productividad del tejedor y ha sido considerado como una de las principales innovaciones del textil antes de la Revolución Industrial.

Poco después, en 1604, el técnico flamenco Willem D. Van Sonnevelt consiguió la automatización del telar de Müller, es decir, se trataba del primer telar mecánico, construido con 200 años de antelación al telar mecánico de tejido ancho. Con un simple movimiento rotatorio de una barra larga o de una manivela, el operario sólo tenía que preocuparse de anudar y cambiar los hilos. Mejoraba tanto la productividad como la calidad de las cintas.

Los telares de barra tejían ya 12 cintas al mismo tiempo y pronto llegaron a las 24. En primer lugar se difundieron por Flandes, desde donde se exportaron durante el siglo XVII al resto de los Países Bajos, Inglaterra y a varios estados alemanes. Alrededor de 1670 llegó el telar a la zona suiza de Basilea y Zurich, donde se le aplicó por primera vez energía hidráulica. La difusión del telar por Francia, ya en el siglo XVIII, fue iniciada por empresarios suizos en Marsella y Saint Étienne (cerca de Lyon). En este estado de cosas, el telar llegó a Manresa entre 1750 y 1775 procedente de Inglaterra, según una tradición oral.

El telar siguió evolucionando en otros puntos de Europa. Se inventó el batán de «cremallera», que permitía mejorar notablemente la calidad de los bordes de la cinta de seda. Asimismo, cabe remarcar el telar de doble pieza para tejer cintas de terciopelo y la aplicación al telar de múltiples cintas de la máquina de jacquard, que permitirá tejer en serie cintas espolinadas, es decir, con dibujos de colores que parecen bordados por efecto de la evolución individual de los hilos de la urdimbre.

La revolución del telar de agujas

A partir de los años 50 del siglo XX se perfeccionó en Gran Bretaña y en Estados Unidos la técnica de un nuevo tipo de telar sin lanzadera que permitía multiplicar por 10 la velocidad del tejido de cintas. Primero, se aplicó con dificultad, pero finalmente se ha impuesto y, hoy en día, se ha convertido en la principal herramienta de los cinteros. Se trata de telares pequeños, que tejen hasta 4 o 6 cintas al mismo tiempo y alcanzan velocidades de una 10.000 pasadas por minuto.

LA CINTERÍA EN CATALUÑA

Cataluña ha concentrado la mayoría de la industria textil española, y Manresa se ha especializado en cintería.

MANRESA, CAPITAL DE LA CINTERÍA

La cintería llegó formando parte de la manufactura sedera, que se había extendido por la ciudad durante el siglo XVIII, con un poderoso gremio de tejedores de velos, que reunía también a cinteros y pasamaneros. Los miembros de este gremio vendían sus productos en los mercados español y colonial.

A partir del siglo XIX, a causa de la profunda crisis provocada por la pérdida de las colonias americanas, Manresa se especializó en la confección de cintas de algodón, sin abandonar del todo la de cintas de seda.

La evolución de la cintería manresana se puede dividir en tres grandes etapas:

La sedería artesanal:

En 1758 funcionaban en Manresa 111 telares de cintas; en 1775 un documento cita unas «fábricas de hacer cintas de seda, en las cuales un hombre solo hace y teje 20 cintas de varios tamaños y colores así sencillas como dobles»; en 1780 había 200 telares para tejer galones y 100 más de «listas planas» (o cintas sencillas) «de 20 piezas por telar». El Censo de Manufacturas de 1784 constata 57 fábricas en funcionamiento, que ocupan a 69 personas y producen 13.680 piezas anuales. En Manresa se llamaba telares «de rem» (porque el movimiento que se da a la barra es muy similar al de remar) a los telares de múltiples cintas de barra, y eran conocidos como fábricas porque la gente no aceptaba que aquellas grandes máquinas, de unos 4 m de ancho, fuesen conocidas simplemente como telares.

El predominio de las cintas de algodón:

Este producto tuvo una gran difusión en el siglo XIX en pequeños talleres domésticos que utilizaban telares de «rem» de unas 40 cintas. Los talleres eran propiedad de operarios y se situaron en los últimos pisos de las casas, con grandes ventanales que permitían una buena iluminación. Un grupo de poderosos comerciantes (que en algunos casos también eran fabricantes) encargaban las piezas a estos operarios y les suministraban el hilo. Esta organización del trabajo provocó conflictos laborales que desembocaron en varias huelgas generales de los «vetaires» entre 1890 y 1910. El sistema de trabajo a domicilio empezó a declinar en la década de 1920, cuando los fabricantes que tenían el trabajo reunido adquirieron más importancia que los que lo tenían distribuido. A principios del siglo XX se aplicó energía mecánica a los telares manuales de «rem» por medio de motores eléctricos. El ruido que producían al funcionar a un ritmo constante hizo que fueran conocidos como telares de «patacada» (de batacazo).

La especialización industrial:

A partir de los años 30, las medianas empresas especializadas, como Cintas Manubens –fundada en 1934– han dominado el sector en Manresa, aunque algunos pequeños talleres han resistido su competencia hasta la década de 1990. El telar de «patacada» quedó progresivamente en desuso en beneficio de telares metálicos más modernos con batán de cremallera. Al mismo tiempo, declinó el uso de la cinta basta de algodón en beneficio de cintas de más calidad. Los acontecimientos más importantes del siglo XX han sido la crisis del sector textil de los años 70 y el proceso de globalización económica, que han llevado al cierre a numerosas empresas. Hoy en día, sobreviven las que, como Cintas Manubens, se han adaptado al nuevo entorno gracias a la inversión y a la especialización. Manresa se ha constituido en el primer distrito industrial cintero del mercado español por diversos motivos: por la habilidad y los conocimientos de un grupo de técnicos, obreros y empresarios, que han producido, asimilado y financiado las innovaciones técnicas del sector. Además, la existencia de empresas auxiliares de la cintería y la proximidad de un buen mercado representado por la industria de la confección y los mayoristas de mercería, han permitido la pervivencia del sector.

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